miércoles, 20 de marzo de 2013

PERRITO COJO


PERRITO COJO*

El dueño de una tienda estaba poniendo en la
puerta un cartel que decía: “Cachorros en venta”.
Como esa clase de anuncios siempre atrae a
los niños, de pronto apareció un pequeño y le
preguntó:
—¿Cuál es el precio de los perritos?
El dueño contestó:
—Entre treinta y cincuenta dólares.
El niñito se metió la mano al bolsillo y sacó
unas monedas.
—Sólo tengo $2,37. ¿Puedo verlos?
El hombre sonrió y silbó. De la trastienda
salió una perra seguida por cinco perritos, uno
de los cuales se quedaba atrás. El niñito inmediatamente
señaló al cachorrito rezagado.
—¿Qué le pasa a ese perrito? —preguntó.

El hombre le explicó que el animalito tenía la
cadera defectuosa y cojearía por el resto de su
vida. El niño se emocionó mucho y exclamó:
— ¡Ese es el perrito que yo quiero comprar!
Y el hombre replicó:
—No, tú no vas a comprar ese cachorro. Si
realmente lo quieres, yo te lo regalo.
El niñito se disgustó y, mirando al hombre a
los ojos, le dijo:
—No, no quiero que usted me lo regale. Creo
que vale tanto como los otros perritos, y le
pagaré el precio completo. De hecho, le voy a
dar mis $2,37 ahora y cincuenta centavos cada
mes, hasta que lo haya pagado todo.
El hombre contestó:
—Hijo, en verdad no querrás comprar ese
perrito. Nunca será capaz de correr, saltar y
jugar como los otros.
El niñito se agachó y levantó su pantalón
para mostrar su pierna izquierda, retorcida e
inutilizada, soportada por un gran aparato de
metal. Miró de nuevo al hombre y le dijo:
—Bueno, yo no puedo correr muy bien tampoco,
y el perrito necesitará a alguien que lo
entienda.

El hombre se mordió el labio y, con los
ojos llenos de lágrimas, dijo:
—Hijo, espero que cada uno de estos
cachorritos tenga un dueño como tú.
En la vida no importa quiénes somos, sino que
alguien nos aprecie por lo que somos, nos acepte y
nos ame incondicionalmente.


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